Silencio, que empieza hablar, confía en nosotras, a pesar del tiempo, de las llamadas que nunca llegaron, las visitas que no se hicieron, ella confía. Necesita desahogo, es duro y esta cansada. Comienza y escuchamos atentas.
Se ríen de ella, es un mono de feria, nadie la defiende, se siente sola, os echa mucho de menos. Nos cuenta el infierno por el que esta pasando su hija, nuestra pequeña hermana, una niña con síndrome de Down. No es la chica feliz que era antes, nos describe, llega a casa día tras día triste, cansada. Se tira las tardes mirando las antiguas orlas, donde ella posaba junto a su clase como una más, repasa continuamente nombre tras nombre, recordando momentos, sensaciones, sentimientos. Ahora todo es diferente, ha pasado de tener grandes jugadores a su lado, su clase, en un gran equipo, su colegio, a ser el lateral izquierdo del banquillo, la burla de los ignorantes, a pasado a un equipo corriente, lleno de crueldad, de falta de compañerismo.
Para, coge aire y se despide, la están esperando, al igual que nosotras su llamada.
¿Qué ha pasado? No reímos, no hablamos, tan solo nos quedamos calladas, pensando, más bien reflexionando. ¿Esto es el mundo? Hemos permanecido con una venda en los ojos, aproximadamente 13 años. Durante todo este tiempo nos encontrábamos bajo un caparazón, donde nuestro colegio actuaba como una barrera infranqueable ante las injusticias que nos esperaban en el exterior. No creíamos que esto fuera posible, que todavía siguiera existiendo, que unos ignorantes pudieran hacer llorar a una de las mujeres más fuertes que he tenido la oportunidad de conocer nunca. No nos han preparado para esto, porque no todo es tan bonito y fácil, como se veía desde dentro, porque a día de hoy la discriminación, muy a mi pesar, sigue estando presente.
Nos despedimos, estamos cansadas, deseosas de llegar a casa, ese momento nos ha marcado de una extraña manera. Me acuesto, me tumbo, no puedo dormir, y continúo pensando en lo mismo, mi cerebro es incapaz de dejar de darle vueltas. Mi gran equipo se ha dispersado, dejando trocitos de buenas personas por diferentes lugares del mundo, personas que creen en la igualdad e ignoran la discriminación, personas con una imagen del mundo diferente, posiblemente personas que se llevaran un gran palo en la vida, como ya ha empezado a ocurrir. Pero yo me pregunto, es mi colegio el que lo hizo mal al no mostrarnos lo cruel que es realmente el exterior, o es el mundo que tras tantos avances sigue teniendo miedo a la igualdad, a que alguien diferente pueda ser mejor que alguien corriente. Sí, puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que es el mundo, el que a día de hoy debería plantearse el cambiar, tomar ejemplo de las pequeñas iniciativas, huir de las marcadas diferencias que impusieron nuestros antepasado, al fin y al cabo, ``La medida de la dificultad es la medida de la capacidad.´´.
Noto como se me cierran los ojos, mi cerebro se cansó de pensar y de forma indignada se dispone a dejarme descansar.
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